Testimonio
Queridas Familias:
Podría comenzar este pequeño testimonio presentándome con una mínima anécdota que habría escapado a mi atención, de no ser por la “escucha fina” de uno de ustedes: durante el proceso de vinculación con mi hijo, realicé varias llamadas de las necesarias a Flavia para acordar horas, días y lugares de encuentro con él. En todas ellas, me anunciaba explicitando mi nombre y apellido y dado que me quedaba con la sensación de no estar dando las explicaciones necesarias, hasta en algún momento creo haber dado “las coordenadas” (léase nombre) del juzgado del que proveníamos. Hasta que, vaya a saber por que cuestiones de “la mente humana” (diría mi abuela y yo supliría por “del corazón”), me animé y dejé esbozar en un contestador: “Soy la mama de Santiago”. Por supuesto, como les adelanté, no registré el cambio hasta que mi interlocutora me lo señaló, creo que con tanta alegría como la mía al poder animarme a creer que eso es lo que era: La MAMA de Santiago. Les escribo en nombre de ambos papis, aunque él como siempre me dice ante estas circunstancias:- “Decí esto, pero como lo decís vos que te sale más lindo”.
Quisiera poder agradecerles con algunas palabras la posibilidad que me dieron de estar viviendo este momento… Una de las familias que allí está presente, albergó, protegió, dio amor y sostuvo a nuestro hijo, cuando nosotros aún no podíamos hacerlo, seguramente porque se estaría nos gestando, lo necesario para recibirlo. Y si bien tuvimos la suerte de poder caminar este cortito tiempo al lado de una familia maravillosa, no podemos más que pensar en todo el andamiaje que detrás subyace. Queremos decir: cada una de vuestras familias, hizo algo por Santi al hacerlo por otros niños como él, permitirles crecer sanos y también al darles la oportunidad a parejas como la nuestra de ser por fin una familia (después de tantos sufrimientos).
Soy psicopedagoga y entre otras cosas trabajo en un Hogar convivencial de niños. De más está decirles que tal como un médico a punto de operarse, desde el momento en el que comenzamos a pensar en la idea de adopción, miles de imágenes se me hacían presentes, temores que seguramente fundados en la experiencia, se hacían difíciles de superar. Debo aclarar que el Hogar en el que desarrollo mis funciones, despliega sus actividades de una manera bastante saludable para los niños que allí viven y que si bien, podrían perfeccionarse algunas cuestiones, estoy conforme con el trabajo que realizamos. Sin embargo, nunca es igual para un chico, vivir en una “serie de Otros”, sin vínculos personalizados, jugando a que “todos somos iguales”, cuando no es cierto y no debe serlo. Cuando además se diluye la belleza de lo diferente y la atención que lo diverso requiere. La mayor parte de los niños que recibimos, suelen haber pasado situaciones realmente dolorosas que solo puede curar el amor, amor individual, personalizado, con nombre y apellido…
Aún sabiendo todo esto, grande fue la sorpresa cuando registramos un nuevo temor, un nuevo “fantasma”, en la charla previa a conocer a Santi. Sucedía que el niño tan deseado, había estado conviviendo más de un año y medio con una familia de transito!. Los libros dicen que los primeros años de la vida de un niño, son fundamentales… obvio que yo lo sabía!. ¿Que mejor, entonces, que haya estado mimado, amado.? Sin embargo…: “¿Sería posible que nos aprenda a querer?, ¿Sería factible que no se angustie demasiado al separarse?”.Y… ¿Qué, de esta familia?: ¿Podrían colaborar en nuestro encuentro, con nuestro hijo?.”
Algunos resultados de la investigación en acto: Santi nos mostró su casa el primer día, conoció días después la nuestra (ahora de él), durmió 11 horas de corrido sin angustia previa, se levantó con una sonrisa al día siguiente, comió de todo (tal como me lo dijeron), pidió su PEPE (chupete) cuando lo necesitó y jugó, jugó, jugó más y luego, cuando se cansó de jugar, jugó nuevamente….
Todo esto fue posible gracias a ustedes, por AMAR BIEN (diría alguien que allí se encuentra). Amor del que creo aún no sé lo suficiente , amor desinteresado, que no busca ser reconocido y que se conforma con recibir, el milagro de ver crecer bien a un chico.
Supongo que ya lo habrán hecho, pero quisiera compartir con ustedes, el resultado de la búsqueda de la palabra “TRANSITO”, en el diccionario:
Transito: Acción de transitar. Paso. Sitio por donde se pasa de un estado a otro, de una parte a otra. . Viajar o caminar haciendo tránsitos, paradas o descansos. Lugar de parada en un viaje.
Quisiera que sean consientes de que son el “sitio”, el puente que permite a tantos chicos pasar hacia lo que la vida les depara, de una mejor forma. Son quienes acompañan el “viaje” de niños que quien sabe porque empiezan la vida con desencuentros. Son quienes permiten que se arme una historia vital para ser integrada, no olvidada; para ser contada y no callada; para ser mostrada en fotos y no ocultadas…
Nestor soñaba con tener un hijo habilidoso en los deportes (él es muy bueno en ellos); yo soñaba con que sea muy inteligente y estudioso (es mi fuerte). Hoy cambiamos nuestros sueños y compartimos el mismo: “tener un hijo feliz”. Y ustedes con su trabajo lo lograron.
Hasta pronto!!!!
Santi, Nestor y Laura.